“Siempre me entusiasmo por alguna cosa; como cualquier idiota, pero no me dura más de siete minutos… Si exactamente siete minutos, ese es mi límite. Y a pesar de estos lapsos nunca se ni siquiera para que me levanto en las mañanas.”
Entorno los ojos el hombre que no pasaba de los 50 mientras le platicaba a la muchacha que se encontraba a su lado una tontuela, pero el tono en lugar de ser intenso era indiferente, como el de un huérfano, aburridamente monótono como si estuviera discutiendo con su esposa una vez más y su papel de marido, el cual estaba harto de interpretar pero tenía la obligación de representar a causa de un papel.
Los dos se encorvaron. Ella le paso los cigarrillos y el hombre se acostó en el futón a fumar, le llamo a la chica para que viniera a su lado, pero no para tocarse solo para sentir su mutua y tranquila respiración. La mocosa era su alumna, su puta.
“Es chistoso, los humanos nacemos para amar, yo nunca he amado a nadie y esto no me otorga gran diferencia a un ratón, nuestro objetivo fue meramente procrear.
Pero tengo amor… tengo algunos amigos, a uno que otro no le oculto nada pero no completamente, no me gusta depender de la opinión de alguien mas”
El hombre tomo el rostro de la chiquilla, como el mero objeto que era para el y la beso en los labios, un beso estúpido que solo sirvió para que se manchara los labios de rojo y para que ella le retirara suavemente las gotitas de sudor.
La muchacha propuso con su seductor poder de convencimiento.
“Eso quiere decir que luego hay que levantarse. La mayoría de las mañanas no de porque lo hago ¿ya te lo he dicho verdad?”
Se hizo el ingenuo y pregunto con su tonito de inferioridad intelectual.
Fuera las estrellas se habían oscurecido y lloviznaba, lo único que iluminaba la habitación era el letrero de luz neón gigante que pintaba de malva las paredes cada dos segundos.
El hombre era común, un maestro mediocre con su putita. Él necesitaba encontrarle algo a la vida, algo dentro de sí que fuera verdadero, de forma permanente y necesitaba dedicar su vida a ello. Pero ni siquiera lo intentaba, le gustaba ser mediocre.
“Ella lo era todo para mí. Solía llegar a casa del trabajo, no había nadie en casa nada en la nevera nuestra habitación vacía y sucia… una cocina. Y entonces sonaba el teléfono, alguien que llamaba de algún bar <<Tenemos una señora aquí mejor venga a buscarla>> “
El hombre se quedo impávido, la niña comenzó a aburrirse y abrió su espejo de mano para retocarse el maquillaje.
“Teníamos 5 años de habernos casado, pensaba en que si la amaba lo suficiente, que si confiaba en mi lo suficiente. Podríamos comprometernos y vivir juntos… yo la cuidaría siempre. Y así sucedió, abandono a su madre y se vino a vivir conmigo… juro que lo intente todo.
Pero mi amor no era suficiente. En fin la recogí del bar y se recupero. Su voz se volvió monótona y su tono antes emotivo cobro intensidad, hasta podía discernirse como un sonido dentro de otro sonido, una perplejidad herida.
Ya no me importaba. Ella estaba frente a mí tratando de aferrarse y la deje caer, porque ya no podía soportarlo. No podía ver como se iba haciendo añicos frente a mi… como si fuera de porcelana. Pase por encima de ella y me fui, desde entonces cualquier cosa me es indiferente”
Sonó un portazo, la muchacha se había marchado, el ruido despertó al hombre de su adormecimiento. Éste se levanto, se vistió y se asomo al balcón empapado, puso sus manos sobre los barandales que tintineaban por el granizo que chocaba contra ellos… miro hacía abajo, observo a su alumna pedir un taxi y se río.
Era demasiado engreído para amar a alguien
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