De anciano habitación era despojos
pues lo único que corría por mis paredes era el llanto
Mi espalada era corva y cada vez menos fuerte
sin embargo, a pesar de tener la foto en cual posar los ojos
no hallé otra cosa que no fuera el recuerdo de su muerte
Para ella todos eramos iguales
pero yo era al único que seguía tarareando su aullido
pues a todos les valía un carajo
y platicaban
posando sus traseros en los lugares donde nos gustaba hacer el amor.
"Iguales, ¿iguales a quien?"
Me senté al callar de la velada
y a la luz de la tarta carmesí que a ella le gustaba
eche tremendo resoplido
para apagar el último grito de mi desesperanza
Nadie turbo el susto ni el dolor de mi pecho
tampoco regalaron aves con su canto
y mientras la aurora bailaba en mi memoria
todos comenzaron a aplaudir hipócritamente
pues no sabían que al difuminado de las velas
yo había deseado una vez mas
morirme
Duelen estos versos tan hondos, tan sinceros. Duelen porque cada uno tiene Verdad hecha poesía y así, sólo así es posible que lleguen al alma.
ResponderEliminarSiempre es nunca y nunca es siempre y mucho, poco o nada adquieren tintes de similitud impensada.
El duelo debiera llamarse de otro modo. ¿Quizá espina de impúdico filo?, no lo sé. Lo que sí sé es que tu poema lo agradezco y lo aplaudo.
Un gran abrazo y un beso, POETA