domingo, 14 de agosto de 2011

La cámara

Todos estaban eufóricos porque la víspera de navidad había llegado, excepto Alfredo que se quedaba arrinconado en el sillón favorito de su abuela.
Alfredo odiaba ese tipo de cenas, le causaba repulsión tener que aguantar las molestas carcajadas de sus tías las “Españolas”, que ya vivían hace mas de 50 años en la ciudad de México pero ellas insistían en mezclar su acento con la chillante voz que emitían de sus gordas bocas.
Alfredo o “Freddy” como lo llamaba la difunta dueña del sillón en el que se encontraba, le dio tremendo zape a su pequeño hermano; el consentido de la familia, que pasaba corriendo como loquito por los pasillos ansioso por comer más dulces y abrir sus regalos. El niño lo miro con desprecio le saco la lengua y se fue a jugar con los otros niños que infestaban de ruidos la habitación. Alfredo tomo este gesto con resignación y volvió a colocar los audífonos en sus grandes orejas. Era increíble como el personaje de la ópera que estaba escuchando llevaba su nombre, su estúpido nombre…  sentía orgullo pero a la vez vergüenza, vergüenza de  no poder llenar los pantalones del tenor que pujaba  con enjundia.
-¡Hora de abrir los regalos!- grito el papa de Freddy que había aprovechado la ocasión para ponerse el reloj carísimo que iba ser liquidado en las próximas dos navidades.
Alfredo se levantó del sillón y se aproximo al círculo que habían formado todos los integrantes de su molesta familia. Excepto su bella prima Larissa de la cual Alfredo estaba enamorado pero lo callaba por la falta de moral que tenía la afirmación.
Y así dio fin el intercambio, todos se probaban sus costosas ropas; que seguramente eran falsas, sus joyas, videojuegos, juguetes, muñecas. Solo faltaba el regalo de Alfredo.
Su padre tomo una caja de cartón blanca insulsa y sin envoltorio y se la dio en la mano.
El muchacho la tomo y se sorprendió encontrarse con una Nikon bastante vieja pero que se veía en muy buen estado.
Gracias- le sonrio hipócritamente  a su padre y salió al jardín a probarla,
 Las fotos que comenzó a tomar en la pared de su garaje no eran de gran importancia, pero Alfredo dejo de hacerlo pues noto que quedaban manchas negras en los lugares en los que había enfocado, tal vez sea el estado del rollo, pensó. Este era rojizo y oscuro y parecía que tenía polarizada la cinta pues cuando Alfredo lo observo a contra luz solo podía observar su reflejo en la negrura. Esto no le dio importancia y le dejo el rollo con el que venía incluída la cámara. Y se frustro al pensar a que le tomaría foto primero.
 Las rosas de mi abuela pensó él, era lo más preciado y reciente que le había dejado el fallecimiento de esta  así que enfoco y ¡clic! La toma había sido perfecta.
Alfredo volteó hacia los rosales y noto que todos se habían marchitado de un manera sorprendentemente rápida, estaban putrefactas y comenzaron a destilar un asqueroso olor, peor que el del perfume de una de sus tías ¡Que coraje! Pero se alegro al pensar que les había tomado foto antes del extraño suceso.
La siguiente en formar parte del álbum fue Marie, la linda gatita Chinchilla que se lamía las patitas en el balcón de la habitación de su madre. Freddy enfoco ¡clic! Perfecta.
Continúo con varias paredes pero desistió al notar que seguían quedando pequeñas manchas negras en el concreto así que miro por el lente su poster favorito, una imagen del estreno de la ópera Carmen enfoco ¡clic! ¡clic! ¡clic! ¡clic!, perfectas.
Alfredo dio un paso atrás, su poster cayó al suelo y se quedo plasmado con el tono verdoso que se le había impregnado.
El joven se fue decepcionado y mientras caminaba de regreso a la sala se topo con el gran y antiguo espejo que estaba  en el pasillo conector de todos los cuartos del segundo piso. Le sorprendió lo mal parecido que se veía, el nunca creyó ser un hombre guapo pero la cosa que estaba en el espejo simplemente no era lo que estaba acostumbrado a ver.
En verdad que eres feo Fred- susurro al espejo.
Recordó cuando el mas gordo de sus tíos humillaba sus facciones enalteciendo las de su pequeño hermano.
Escucho azotarse la puerta de entrada, seguramente su padre se había alcoholizado de nuevo y se largaba a encontrarse con la mujer con la que se había estado acostando.
-¡No le pegues! ¡no le pegues!- La escena se transformaba cuando el de pequeño suplicaba  a su padre que no volviera a tocar a su madre.
Su madre…  el ama de casa resignada, la mujer que tanto admiraba, se la había encontrado  la noche anterior estupidizada pos sus pastillas para bajar de peso.
Su familia estaba hecha una mierda y el no podía hacer nada para cambiarla.
-Debes darle asco a Larissa- chillo el joven, haciendo una mueca de furia.
-¡Que coños paso! ¡La gata! ¡Joder que tiene! ¡Alfredo que le hiciste se está muriendo!- Grito una de las obesas tías.
Alfredo se quedo pensando por un momento.
Las rosas, El gato, el poster ¿Qué demonios tenía la cámara? ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho?
 Alfredo tomo el objeto maldito con sus manos sudorosas enfoco al espejo vio su asquerosa silueta una vez mas y ¡clic! Perfecta, fue perfecta.

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