¿Por qué tan sonriente? Susurro Dorotea una vez mas, tomando la pequeña revolver del cajón izquierdo de su buró.
¿Por qué tan sonriente hijo de puta? Y amarro a Don Armando a las extremidades de la cama.
Ella, hermosa, como de joven lo había sido, llevaba su vestido rojo, su pelo rubio suelto y pintada como una muñeca de porcelana. Desabrocho la camisa de su marido bruscamente.
¿Por qué no combinamos? ¿Por qué?... ah, me pone tan triste.
Las mujeres no somos simples muñecas mudas con ojos hermosos ¿sabes, mi amor?
Así como es lógico que si aprieto tu maldita garganta dejaras de respirar
¿Por qué no me ves a la cara? ¿La luna te esta volviendo loco no es cierto?
“El cielo esta tan bello Armando” “No tan bello como tus labios mi hermosa Dorotea”
¡Maldito hipócrita!
¿Qué de que me va servir matarte?, supongo que a mi de nada, seguirás brillando asquerosamente como las malditas estrellas después de apagarse a millones de kilómetros.
¿Por qué carajos no combinamos? ¿Por qué?... ah, me pone tan triste.
Y así la sombra de la estúpida luna me escupe en la cara, recordándome que jamás podremos convertirnos en uno mismo. Expuesta por siempre al estúpido oxígeno que continúa saliendo de tus pulmones.
Pero esas azules estrellas que alguna vez me llevaste a ver, coquetean con la luz de tu muerte, me quedare soñando en el paraíso que perdimos, todo porque no pudiste dejar de ser tan generoso con tu miembro.
Y hasta que esa maldita luz no se apague, el brillo de mi pasado permanecerá desenterrado, el solitario fantasma continuara paseándose por mi cuerpo
El brazo de Dorotea apretó la pistola fuertemente, y cubrió sus oídos con el estruendo de un delicado disparo.
La mujer se quedo observando como la sangre se absorbía en la camisa de Don Armando.
Al fin combinamos, mi vida, acaricio su mejilla, pude haberte amado si no fueras tan falso como el rojo que escurre por tu asquerosa piel.
Al fin combinamos, los dos rojos, ah… me siento tan feliz.
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